NARRAR, ESCUCHAR, LEER

Desde siempre, una de las cosas que más ha gustado a los niños, a las niñas, es que las personas de su confianza; madre, padre, abuelos, maestras, les cuenten historias, narraciones, pequeñas poesías, relatos que recojan experiencias importantes, o tal vez íntimas, cargadas de emoción en la vida de esas personas que son importantes para los pequeños.

Cuando narramos de forma oral, tranquilamente, una historia, nuestros hijos se hacen todo oídos, prestan gran atención a lo que decimos y nuestras palabras, tan importantes para ellos, van cayendo poco a poco en su ánimo a través del sentido del oído, que no utiliza los mismos canales nerviosos para llevar la información ni estimula las mismas áreas cerebrales  que cuando usamos los ojos.

El oído es un órgano que se ha desarrollado muy primitivamente en la etapa prenatal, de modo que nuestros hijos e hijas aún no veían, pero ya escuchaban en el vientre materno. Oían el corazón de la madre. Y escuchaban las voces del exterior, las voces de sus padres. Desde el mismo momento de nacer reconocieron la tonalidad, el color, la cadencia de nuestra voz. Y debido a esa experiencia temprana, las voces familiares poseen para ellos mucha fuerza y  gran influencia. Y esto lo sabe la experiencia de cada uno de nosotros y lo confirma la Psicología y la Neurología.

Por eso, cuando les contamos un cuento, recitamos un poema, por la noche, volvemos a crear un espacio de intimidad en el que ellos encuentran una oportunidad que tal vez no han tenido en todo el día, para hablarnos de sus miedos, preocupaciones, intereses, experiencias de la jornada. Si usamos un libro, prestarán atención a las ilustraciones, nos harán preguntas sobre alguna letras –ésa que tiene en su nombre- y, así, al lado de nuestros hijos, estamos colaborando, preparando el camino para todo un largo, larguísimo aprendizaje que en el ser humano va entrelazando naturaleza y cultura para intentar ser cada uno, y todos juntos, lo mejor que podamos ser.

Sólo necesitamos estar nosotros tranquilos, alegres, confiados. Si nos sentimos apurados, nerviosas, agotados, mejor lo aplazamos para otro momento, eso sí, aclarando qué momento será ese, mañana por la tarde, mañana por la noche, el sábado. Lo entenderán si cumplimos la palabra dada. O, mejor aún, vencemos ese desánimo pasajero y les contamos algo cortito, que satisfaga su deseo y nos reafirme a nosotros en nuestro buen  desempeño como madres y padres.

No es una obligación más, es un acto de creación lo que vamos a llevar a cabo con nuestros hijos e hijas. Olvidemos pues las prisas. Todo lo demás ha de quedar fuera de esa burbuja que vamos a crear, busquemos en nuestra casa, su casa, un lugar cómodo para sentarnos muy cerquita de ellos sin importar que los pequeños, anden un poco de aquí para allá o muevan un juguete; ellas, ellos, nos están escuchando igualmente.

¡Ah!  no lo he dicho, ¿verdad? el sentido del oído se comunica con el cerebro sí, y también, sobre todo, con el corazón –lo sabe muy bien la medicina oriental-  Por eso siempre, siempre, intentemos hablarles desde el corazón. Nos hará tanto bien a nosotros como a ellos y toda la familia encontrará alegría en esta pequeña, pero fundamental, actividad.

Narrar, contar favorece los lazos entre padres, abuelos, maestros y niños, aúna las generaciones mayores con las más jóvenes, trasmite la historia familiar y del  pueblo, estimula la imaginación creadora, se amplía el mundo familiar, crea un espacio donde poder asomarse con seguridad a sus miedos profundos e inexpresables y poder enfrentarlos mejor. A través de los sonidos, el ritmo y el compás de los versos aprenden la cadencia del lenguaje, les ayuda la comprensión de la lengua y su vocalización.

Además de todo esto, y por si fuera poco, las narraciones orales preparan el camino para desarrollar posteriormente el gusto por la lectura. De hecho esto mismo se repite a nivel cultural colectivo, pues todas, todas, las literaturas del mundo comenzaron en forma oral antes de pasar a la forma escrita.

Por todo esto, animo a todas las madres, los padres,  las abuelas, los abuelos, las hermanas, los hermanos…toda la familia, a que aborden con la alegría de saber que están haciendo algo muy, muy importante, ese acto creativo, relacional que es la narración oral a los más pequeños.

 

 

Bibliografía interesante para el oficio de ser padres:

  • González Vara, Yolanda: Amar sin miedo a malcriar. Editorial     Integral
  • Montero- Ríos, María: Saltando las olas. Editorial Obstare
  • Janov, Arthur: La biología del amor. Editorial Apóstrofe.
  • Bettelheim, Bruno: No hay padres perfectos. Editorial Grijalbo-Mondadori
  • Dolto, Françoise: La educación en el núcleo familiar. Editorial Paidós
  • Verny, T. y Nelly, J.: La vida secreta del niño antes de nacer. Ediciones Urano