La vida secreta del árbol

Si fue ésta una experiencia real o imagen hipnopómpica de una conciencia al borde del sueño, no sabría decirlo. El caso es que, moderna Alicia, mis sentidos traspasaron la barrera que separa la realidad visible de lo invisible y me encontré entre las raíces del árbol que cobijaba mi sueño. Increíblemente, los extremos de aquella raigambre se movían como dedos humanos, penetrando la oscura tierra en busca de alimento. Como intestinos velludos sorbían las sustancias para trasformarlas en savia que ascendía por las arterias del tronco hacia las ramas extendidas del árbol y llevaba fresca vida a la más alta de las yemas. En ese instante me trasformé en árbol y el árbol era yo: espacio sagrado donde la vida bullía en silencio, generándose a sí misma en espiral movimiento que desde la honda oscuridad cruzaba la tierra madre hasta el azul infinito.