Entrevista. Revista Primeras Noticias de Literatura Infantil y Juvenil

– Muchos profesionales y aficionados a la literatura guardan un especial recuerdo de alguna obra que leyeron en su infancia o juventud. ¿Qué lecturas le impactaron más en esa etapa de su vida? ¿Hubo alguna persona en especial que le inculcara el amor a la lectura?

Hubo una persona que me ofreció los primeros libros y fue mi madre. A ella le gustaba, le gusta aún, leer y además se carteaba con sus hermanos y padres, escribía por ese motivo unas cartas muy bien redactadas que me encantaba leer o que me las leyese ella y que forman parte de mis primeros recuerdos. También contaba cuentos y anécdotas de las gentes del pueblo, de idas y venidas de unos y otros, retazos de sus propios recuerdos familiares, refranes, dichos populares y rimas…así se fue modelando mi propia memoria, me informó de mis raíces, estimuló mi imaginación y me proporcionó un camino con las palabras y lo que éstas evocan. Nos animó a hacernos socios de la biblioteca y del bibliobús que aparcaba en nuestro barrio los sábados por la mañana. Así que ella es la figura que inicia todo esto. Luego vinieron los libros de hagiografías de santos escritas para niños, las historias contadas con el apoyo plástico de enormes y maravillosas láminas de la Biblia en el colegio, los cuentos de hadas clásicos, vidas de reinas como Sissi, aventuras como “La vuelta al mundo en ochenta días” o las obras de Julio Verter, los comics del Capitán Trueno, entre otros, los libros de Enid Blyton. Más tarde llegaron ya cosas como el Diario de Ana Frank y desde ahí creo que ya comencé a leer a Poe, Bécquer, Stevenson, Wilde, luego los escritores rusos de finales del XIX: Chejov, Dostoyesky, Después Baroja, Delibes…en fin, hubo muchas obras, la lista sería enorme y siempre me dejaría a algún autor que me acompañó en esa época; y es que leer me gustaba muchísimo y me sigue gustando. La afición a la lectura es una gran compañera que nunca te abandona, es una riqueza para disfrutar toda la vida, en los momentos buenos, en los solitarios, en los de crisis existenciales, siempre proporciona un gozo extraordinario, diferente y nuevo en cada libro que nos vuelve a seducir, y esto es así desde la infancia hasta la vejez.

 

– Comenzó a escribir, y representar, pequeñas obras de teatro cuando estudiaba. ¿Qué recuerdos guarda de esa época? ¿Ya tenía claro que quería ser escritora?

La infancia es la isla espiritual del ser humano ¿no era Juan Ramón quien decía esto en su anotación a Platero y yo? Creo que era él. Luego necesariamente hay que abandonarla, pero nunca olvidarla, llevar siempre su recuerdo, su color, sus aromas, no porque la infancia sea una época necesariamente perfecta, en absoluto, puede haber, las hay, infancias terribles. Pero esa inocencia, el despertar al mundo donde todo es nuevo, fresco, confuso a veces, claro y límpido otras, es una fuente inagotable se sensaciones, emociones…los escritores, los artistas, todos en general, nadie puede renunciar a esa época que fue nuestro primer encuentro con la vida. Yo recuerdo que a mí me gustaba escribir desde que me recuerdo con un pizarrín en la mano, me atraía el hecho físico mismo de escribir. Lo de las obras de teatro pues eran cosas ingenuas en las que participaban mis amigas, nuestras madres nos ayudaban con los trajes, con la caracterización; era muy divertido. Admiraba a los escritores, desde luego, pero realmente a esa edad ignoraba lo que es la vida del escritor o que existía esa profesión en sí misma y no estoy muy segura de que creyese que yo misma podría llegar a serlo. Quizás esa idea surgió más en la adolescencia.

 

– Estudió Filología Inglesa y Psicología, y se ha dedicado profesionalmente a la docencia en Institutos de Enseñanza Secundaria. ¿Qué le aporta el contacto constante con quienes pueden ser sus lectores?

Pues frescura, a veces diversión, en otros momentos cansancio y conflictos, inevitables en toda relación humana, también crisis de diferentes tipos, igualmente necesarias para revisar la propia actitud. Me ponen en contacto con lo nuevo, las tendencias de los jóvenes en cuanto a actitudes vitales, gustos estéticos y formas de vida.

 

– ¿Los escritores deben implicarse de alguna manera en la labor de animación a la lectura? ¿De qué forma?

La tarea, el deseo y la voluntad de un escritor es escribir, y también, en general, leer mucho y vivir plenamente. A algunos les agrada un contacto directo con sus lectores o llevara acabo actividades como  leer textos ante una audiencia, recitar poesía en público o leer teatro a un grupo de personas. Bien está; seguro que contribuyen a despertar en sus audiencias el gusto de una mayor o más profunda lectura. Pero no creo que el escritor que no sienta la inclinación a desarrollar esas actividades tenga ninguna obligación de hacerlo: su único compromiso en ese terreno es con la escritura; así lo entiendo yo, al menos.

 

– ¿Qué opina de que el mercado editorial tenga cada vez más presentes objetivos educativos en la literatura para jóvenes?

La literatura en sí misma es educativa, cultiva los sentimientos, ayuda en las reflexiones, sugiere ideas…ahora bien, mi intención es evitar los objetivos educativos explícitos, no tengo intención de desarrollar un currículum en mi obra ni me interesan demasiado los aspectos didácticos en la literatura, aunque  a veces pueda escapárseme alguno, debido a una deformación causada por los años de docencia. A mi entender, la literatura, como cualquier actividad humana, transmite un posicionamiento en el mundo y por tanto refleja la forma de ver la realidad sensible y la no visible de su creador. Tratará pues los grandes o los pequeños asuntos humanos desde un punto de vista determinado. Pero eso es muy diferente del marcarse objetivos pedagógicos, repito que esto me interesa cada vez menos como autora y tampoco me gusta encontrarlos como lectora.

 

– ¿Qué es para usted la literatura?

El arte de traspasar las palabras y la estructura inherente al discurso en el que se ordenan para conseguir dar forma a ideas, sentimientos, emociones, imágenes, y con ellas elaborar una ficción, expresar una experiencia o narrar una historia a través de formas muy distintas: teatro, poesía, novela…Esto, que parece tan acabado, en realidad lo acabo de formular ahora mismo, quizás en el futuro, con mayor experiencia vital y literaria, aún añada o quite algo.

 

– ¿Qué piensa de la distinción entre literatura para jóvenes y literatura para adultos?

Ciertamente parece haber algunas diferencias que en muchas obras son evidentes, como el tono, el tipo de lenguaje, los temas escogidos y el tratamiento que de ellos se hace, pero en otras ocasiones no lo tengo tan claro. ¿Pertenecen Platero y yo, Momo, Las crónicas de Narnia, el Señor de los anillos, El señor de las moscas, El guardián entre el centeno, entre otras muchas que se podrían mencionar, literatura para niños y jóvenes? ¿Qué marca la diferencia, el hecho de que sus protagonistas sean jóvenes? Encuentro que no me resulta tan fácil dar una respuesta que delimite por completo el tema, ni siquiera sé si existe esa frontera; para mí lo importante es que estas obras sean leídas con igual placer e interés tanto por jóvenes como por adultos, algo que ocurre con las que he mencionado y con muchas otras.

 

– ¿Cómo definiría el momento que vive la Literatura Infantil y Juvenil en nuestro país? ¿Y cómo ve el futuro de ésta?

No soy ninguna experta ni en el mercado ni en la crítica de obras; lo que veo, en catálogos, librerías, es un crecimiento enorme en cantidad de obras, tanto en infantil como en juvenil. Ahora bien, me da la sensación de que ocurre como con la literatura adulta: hay tantísimos títulos publicados, es una avalancha tal la que llega a las librerías y, con la misma rapidez con la que llegó,  desaparece de ellas, que creo que no da tiempo ni al librero ni al lector a tener una perspectiva global, no digamos ya un conocimiento algo más profundo. El libro ha entrado plenamente en el mercado de consumo y por tanto es tratado de manera muy semejante a cualquier otro producto: se vende muchísimo algunas obras que se convierten en best-sellers y otras excelentes desaparecen entre el ruido de la velocidad y la trivialidad. Lamento muchísimo esta situación. Lamento además que se gaste tanto papel para nada –me preocupa mucho el asunto de la tala de bosques de forma abusiva, que no es algo baladí-  No sé, quizás en el futuro, si sigue así la cosa, creciendo de forma tan desmesurada, escribiremos únicamente para familiares y amigos.

 

– ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo como escritora? ¿Y lo que menos le atrae?

Vaya, de mi trabajo como escritora me gusta prácticamente todo: la soledad ante el papel o el ordenador, el ensimismamiento cuando estoy plenamente entregada a la escritura, el disfrute que eso me provoca, la búsqueda de información o los viajes al encuentro de un ambiente o un medio, el escuchar música que evoque un momento, un ambiente, buscar imágenes que me muevan por su relación con la obra. Y me gusta muchísimo el afecto de los lectores cuando se acercan tan respetuosos y atentos, interesados por conocer a la persona tras la obra. Luego está los momentos más complicados: la lucha con el lenguaje, que a veces es titánica porque se transforma en una serpiente enorme y potentísima a la cual me resulta imposible dominar, la emoción y la inquietud cuando alguien lo lee por primera vez, las correcciones una y otra vez, las críticas. Pero incluso aprecio esos momentos, así como disfruto de la parte más fácil que fluye suavemente llevándome en su corriente tan agradable, acepto igualmente que las dificultades forman parte del proceso, son las que hacen cuestionarse pasos, ayudan a reflexionar sobre la obra y a no perder la perspectiva, entre otras cosas.

 

– Su libro “Tomás, buscador de la verdad” ha obtenido el Premio Leer es Vivir. ¿Por qué decidió presentarlo a concurso?

Me animó un compañero que también escribe y pensé que era una posibilidad de que la obra alcanzase a personas más allá de mi círculo. Suponía además la disciplina de escribir con un fin determinado, con una meta, que aunque me parecía lejana, orientaba mis esfuerzos en una dirección. Y a pesar de que sabía que no es fácil ganar un premio literario al que se presentan muchísimas obras, creía que la mía podía gustar al jurado y, aunque no ganase el premio, de ahí podría surgir alguna propuesta interesante por parte de la editorial, como ocurre en ocasiones.

 

– ¿Qué ha significado para usted recibir este premio?

Fue un reconocimiento que llegó en un momento muy importante para mí. Considero que el premio “Leer es vivir” lo he ganado con tanta limpieza y con el voto unánime de un jurado prestigioso, que por supuesto me desconocía, que me vi plenamente recompensada por mis esfuerzos. Sentí y siento una grandísima satisfacción y noté que esa alegría se extendía todo a mí alrededor, entre familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y conocidos. Fue algo extraordinario sentir su afecto y su alegría. Luego ocurre también que las personas de alrededor valoran tu trabajo de otra manera, con más respeto, digamos, puesto que ha sido refrendado por alguien de fuera, un jurado cuya opinión autorizada al elegir la obra resalta su valor a los ojos de los demás. Pero además de alegría y satisfacción, el premio ha supuesto una prueba en distintos espacios, empezando por las relaciones personales, a las que el éxito impacta de una manera sorprendente e inesperada.

 

– Cada libro esconde unos orígenes, a veces un tanto insospechados. ¿Cuáles son los de “Tomás, buscador de la verdad”?

Es como preguntarse por el origen de una fuente, de un manantial: ¿Cuáles son y de dónde provinieron las aguas que ahora los alimentan? ¡De tantos lugares, a veces tan alejados del espacio y el tiempo consciente y actual! Pero aún así puedo apuntar algunos: mi propia juventud, mis años de instituto y facultad. Ciertas fuerzas emocionales que estaban pendientes de tomar una dirección en mi interior. También mi interés por la psicología, el tema, tan literario y filosófico de los dobles, los mundos paralelos y los reflejos en el espejo. Pero todo esto es de lo que ahora soy consciente, seguro que hay otros motivos aún oscuros en su origen y probablemente las claves finales de una obra no se acaben de desvelar nunca.

 

– ¿Qué le gustaría escribir y no ha escrito?

Poesía, admiro a los grandes poetas. También, aunque he escrito teatro para niños, me gustaría hacer teatro para adultos. Y relatos, me gusta mucho el relato policiaco y de misterio…Ciertamente tengo mucho aún por desarrollar.

 

-¿Tiene en mente ya algún nuevo libro? ¿Nos puede explicar algo de él?

Tengo cosas ya preparadas, otras a medio hilvanar, algunas más apuntadas en mi libreta y algunas en el imaginario, esperando su maduración. Así es que tengo el taller a pleno rendimiento. El siguiente libro, ya prácticamente terminado, es nuevamente una novela para jóvenes que  transcurre en una ciudad castellana con un gran peso histórico y esotérico, en la que habitan personajes muy curiosos, creo que atractivos también, de procedencia social muy dispar que se relacionan en una trama de intriga, dudas, acusaciones y sentimientos encontrados. Pero, claro, una escritora a la que le gusta el misterio, como es mi caso, no va a desvelar muchos más detalles: sería descorrer el velo de forma precipitada ante los lectores. Todo llegará y se podrá leer en su momento; ese, al menos, es mi deseo y mi intención.