Entrevista. ¿Qué leer?

¿Cómo comenzaste a escribir literatura infantil y juvenil?

Gracias a una aparente casualidad; releía en ese momento el  “Amadís de  Gaula”, y de repente se me ocurrió “quiero escribir una novela de caballeros que transcurra en nuestra época”. Así es que empecé a darle vueltas y acabé escribiendo sobre un joven estudiante de literatura, curioso, reflexivo y atrevido, fue “Tomás, buscador de la verdad” y su gemelo espiritual, un monje de la edad media. En su relación literaria se aunó mi atracción por la edad media y el mundo del siglo XXI.

 

¿Cuál crees que es el éxito de tus libros?

Quizás correspondería a otros señalar con más objetividad a qué se debe ese éxito entre los lectores; en mi totalmente subjetiva opinión, mis libros han gustado por a esa mezcla entre tensión, misterio junto con protagonistas que tienen un alma muy humana y buscan incesantemente el sentido de lo que les ocurre más allá de las apariencias. Sin olvidar, me parece a mí, mi manifiesto amor a la lengua.

 

Has hecho una apuesta por una literatura de aventuras, ¿es ese universo imaginario el que más te interesa como lectora?

Creo yo que en mis novelas prima más el misterio que la aventura, que para mí, como lectora y escritora, únicamente tiene sentido si es un reflejo de la existencia y no una mera acumulación de peripecias. De cualquier forma, intento servirme de la aventura y el misterio como motivos que permitan explorar la naturaleza de los sentimientos, las ideas y los comportamientos humanos que son, al fin y al cabo, los que les proporcionan su contexto y sentido último.

 

En tus libros se subrayan valores como la libertad, la igualdad… ¿es un objetivo en tu literatura?

¡Vaya, se ha visto que soy hija espiritual de la revolución francesa! Cierto que aparecen esos valores, ya que en ellos creo e intento vivirlos; si mi posición en el mundo no se reflejara en lo que escribo, sería yo una impostora. Eso sí, matizaría: libertad con conciencia, igualdad para poder ser y conocimiento más allá de las apariencias para alcanzar esa ansiada fraternidad. Por otra parte, junto a los aspectos éticos, quiero también cuidar con esmero la belleza formal de lo que escribo; y así me intereso profundamente por el lenguaje que empleo, la sintaxis, las palabras, los sonidos, la forma en definitiva.

 

También has hecho una adaptación, ¿hay que acercar a los nuevos lectores a los clásicos desde el comienzo? 

Más que una adaptación, es un relato celta “revisitado” desde el punto de vista de los derechos de la mujer. Luego, en “Alba de Montnegre”, que obtuvo el premio Lazarillo, hice una recreación del habla en la Castilla del siglo XV. Yo he encontrado tanta satisfacción y tanto saber en muchos clásicos, que ¿cómo no recomendarlos a las generaciones venideras? Son  autores que han pasado el filtro del tiempo y las generaciones porque comprendieron en profundidad el corazón humano. Otra cosa es que, cuando jóvenes, podamos entenderlos, cosa no del todo posible, pues falta la experiencia vital necesaria. Por eso, para evitar reacciones de rechazo hacia lecturas que, en principio, no son fáciles, hay que acercar los autores clásicos a las nuevas generaciones con suavidad y habilidad, para que los jóvenes puedan apreciarlos.

 

 ¿Cómo es el contacto con tus lectores?, ¿qué te dicen? ¿cómo influyen las opiniones que te llegan en tus trabajos?

La vida de los escritores es de una necesaria, y en ocasiones pesadísima, soledad; siempre atormentada por la duda de si aquello en lo que invertimos tantísimo tiempo y esfuerzo llegará a alcanzar a otros. Por eso los encuentros con los lectores son, para mí,  la constatación de qué sí, de que mi trabajo ha encontrado un destinatario. He llevado a cabo muchos encuentros, en lugares muy diferentes, tanto en colegios como en centros penitenciarios, escuelas de adultos o bibliotecas y, en general, he disfrutado a lo grande. Además de mostrarme cariño y admiración por la obra, lectores de toda edad y condición han sabido ponerme en bretes, encontrar puntos débiles y fuertes en la estructura y sorprendido con preguntas y observaciones perspicaces sobre el cómo de la escritura: cómo surge la idea, de donde procede la inspiración, el desarrollo del proceso creativo, cómo se arma una ficción, si me inspiro  o no en personas reales para crear los personajes, cuánto tiempo lleva escribir un libro. Además, en mi caso, sobre todo en el primera novela juvenil, “Tomás, buscador de la verdad”, insistían mucho en saber por que no había puesto más escenas de amor entre los protagonistas –se ve que había estado yo en exceso pudorosa, a semejanza del autor de Amadís-  ¡Ay, razón tenía la vieja y sabia Celestina!:

Mucha fuerza tiene el amor: no solo la tierra, mas aun las mareas traspasa, según su poder. Igual mando tienen en todo género de hombre. Todas las dificultades quiebra. Ansiosa cosa es, temerosa y solícita. Todas las cosas mira en derredor. Así que, si vosotros buenos enamorados habéis sido, juzgaréis yo decir verdad”

lo dicho, que los clásicos ya sabían lo que nuestro corazón quiere. Les prometí a los lectores enmendar esta falta garrafal en una segunda parte. Y así ha sido.

 

¿Cómo ves el panorama actual de la literatura infantil y juvenil?

Cambiando mucho hacia una mayor calidad: nuevos autores interesados en la ficción  de calidad, y, en nuestro país, autores consolidados en narrativa para adultos, se suman al género juvenil, lo cual quiere decir que se está empezando a contemplar con más respeto esta forma de literatura. No obstante, hecho de menos la opinión fundada de buenos críticos, que por sus lecturas y saber, podrían desempeñar con gran discernimiento ese papel que es llevar a cabo una competente crítica literaria en el enorme cofre que es, ahora mismo, la literatura juvenil.

 

¿Cuáles son tus nuevos proyectos?

Publicar, seguramente en primavera,  la segunda parte de “Tomás, buscador de la verdad”. Rematar un ensayo lírico sobre los sonidos vocálicos para una revista de literatura y acabar un trabajo más extenso que tengo entre manos –no aireo nada más para que no se me gafe.  Me gusta escribir ficción, pero también traducir, escribir artículos, rebuscar en ensayos, y leer, leer y leer. Leer es una fiesta, decía Sarte, escribir, supone un gran esfuerzo, placentero y doloroso al mismo tiempo. Por eso, en muchas ocasiones, he querido dejarlo, olvidarlo para siempre; pero no hay ya nada que hacer, una vez que el espíritu de la escritura te ha poseído, tan sólo queda llevar adelante la empresa mientras musas y fuerzas acompañen.