Entrevista. ¿Qué leer?

¿Cómo comenzaste a escribir literatura infantil y juvenil?

Gracias a una aparente casualidad; releía en ese momento el  “Amadís de  Gaula”, y de repente se me ocurrió “quiero escribir una novela de caballeros que transcurra en nuestra época”. Así es que empecé a darle vueltas y acabé escribiendo sobre un joven estudiante de literatura, curioso, reflexivo y atrevido, fue “Tomás, buscador de la verdad” y su gemelo espiritual, un monje de la edad media. En su relación literaria se aunó mi atracción por la edad media y el mundo del siglo XXI.

 

¿Cuál crees que es el éxito de tus libros?

Quizás correspondería a otros señalar con más objetividad a qué se debe ese éxito entre los lectores; en mi totalmente subjetiva opinión, mis libros han gustado por a esa mezcla entre tensión, misterio junto con protagonistas que tienen un alma muy humana y buscan incesantemente el sentido de lo que les ocurre más allá de las apariencias. Sin olvidar, me parece a mí, mi manifiesto amor a la lengua.

 

Has hecho una apuesta por una literatura de aventuras, ¿es ese universo imaginario el que más te interesa como lectora?

Creo yo que en mis novelas prima más el misterio que la aventura, que para mí, como lectora y escritora, únicamente tiene sentido si es un reflejo de la existencia y no una mera acumulación de peripecias. De cualquier forma, intento servirme de la aventura y el misterio como motivos que permitan explorar la naturaleza de los sentimientos, las ideas y los comportamientos humanos que son, al fin y al cabo, los que les proporcionan su contexto y sentido último.

 

En tus libros se subrayan valores como la libertad, la igualdad… ¿es un objetivo en tu literatura?

¡Vaya, se ha visto que soy hija espiritual de la revolución francesa! Cierto que aparecen esos valores, ya que en ellos creo e intento vivirlos; si mi posición en el mundo no se reflejara en lo que escribo, sería yo una impostora. Eso sí, matizaría: libertad con conciencia, igualdad para poder ser y conocimiento más allá de las apariencias para alcanzar esa ansiada fraternidad. Por otra parte, junto a los aspectos éticos, quiero también cuidar con esmero la belleza formal de lo que escribo; y así me intereso profundamente por el lenguaje que empleo, la sintaxis, las palabras, los sonidos, la forma en definitiva.

 

También has hecho una adaptación, ¿hay que acercar a los nuevos lectores a los clásicos desde el comienzo? 

Más que una adaptación, es un relato celta “revisitado” desde el punto de vista de los derechos de la mujer. Luego, en “Alba de Montnegre”, que obtuvo el premio Lazarillo, hice una recreación del habla en la Castilla del siglo XV. Yo he encontrado tanta satisfacción y tanto saber en muchos clásicos, que ¿cómo no recomendarlos a las generaciones venideras? Son  autores que han pasado el filtro del tiempo y las generaciones porque comprendieron en profundidad el corazón humano. Otra cosa es que, cuando jóvenes, podamos entenderlos, cosa no del todo posible, pues falta la experiencia vital necesaria. Por eso, para evitar reacciones de rechazo hacia lecturas que, en principio, no son fáciles, hay que acercar los autores clásicos a las nuevas generaciones con suavidad y habilidad, para que los jóvenes puedan apreciarlos.

 

 ¿Cómo es el contacto con tus lectores?, ¿qué te dicen? ¿cómo influyen las opiniones que te llegan en tus trabajos?

La vida de los escritores es de una necesaria, y en ocasiones pesadísima, soledad; siempre atormentada por la duda de si aquello en lo que invertimos tantísimo tiempo y esfuerzo llegará a alcanzar a otros. Por eso los encuentros con los lectores son, para mí,  la constatación de qué sí, de que mi trabajo ha encontrado un destinatario. He llevado a cabo muchos encuentros, en lugares muy diferentes, tanto en colegios como en centros penitenciarios, escuelas de adultos o bibliotecas y, en general, he disfrutado a lo grande. Además de mostrarme cariño y admiración por la obra, lectores de toda edad y condición han sabido ponerme en bretes, encontrar puntos débiles y fuertes en la estructura y sorprendido con preguntas y observaciones perspicaces sobre el cómo de la escritura: cómo surge la idea, de donde procede la inspiración, el desarrollo del proceso creativo, cómo se arma una ficción, si me inspiro  o no en personas reales para crear los personajes, cuánto tiempo lleva escribir un libro. Además, en mi caso, sobre todo en el primera novela juvenil, “Tomás, buscador de la verdad”, insistían mucho en saber por que no había puesto más escenas de amor entre los protagonistas –se ve que había estado yo en exceso pudorosa, a semejanza del autor de Amadís-  ¡Ay, razón tenía la vieja y sabia Celestina!:

Mucha fuerza tiene el amor: no solo la tierra, mas aun las mareas traspasa, según su poder. Igual mando tienen en todo género de hombre. Todas las dificultades quiebra. Ansiosa cosa es, temerosa y solícita. Todas las cosas mira en derredor. Así que, si vosotros buenos enamorados habéis sido, juzgaréis yo decir verdad”

lo dicho, que los clásicos ya sabían lo que nuestro corazón quiere. Les prometí a los lectores enmendar esta falta garrafal en una segunda parte. Y así ha sido.

 

¿Cómo ves el panorama actual de la literatura infantil y juvenil?

Cambiando mucho hacia una mayor calidad: nuevos autores interesados en la ficción  de calidad, y, en nuestro país, autores consolidados en narrativa para adultos, se suman al género juvenil, lo cual quiere decir que se está empezando a contemplar con más respeto esta forma de literatura. No obstante, hecho de menos la opinión fundada de buenos críticos, que por sus lecturas y saber, podrían desempeñar con gran discernimiento ese papel que es llevar a cabo una competente crítica literaria en el enorme cofre que es, ahora mismo, la literatura juvenil.

 

¿Cuáles son tus nuevos proyectos?

Publicar, seguramente en primavera,  la segunda parte de “Tomás, buscador de la verdad”. Rematar un ensayo lírico sobre los sonidos vocálicos para una revista de literatura y acabar un trabajo más extenso que tengo entre manos –no aireo nada más para que no se me gafe.  Me gusta escribir ficción, pero también traducir, escribir artículos, rebuscar en ensayos, y leer, leer y leer. Leer es una fiesta, decía Sarte, escribir, supone un gran esfuerzo, placentero y doloroso al mismo tiempo. Por eso, en muchas ocasiones, he querido dejarlo, olvidarlo para siempre; pero no hay ya nada que hacer, una vez que el espíritu de la escritura te ha poseído, tan sólo queda llevar adelante la empresa mientras musas y fuerzas acompañen.

 

Entrevista. Revista Everest

En primer lugar, desearía conocer algo sobre ti: origen, actual ocupación, desde cuándo escribe… Algunos datos biográficos.

Nací en Lugo en 1961. Mi familia es gallega por parte de padre y leonesa por mi madre. Pasé muchas temporadas de mi infancia en Crímenes, en las estribaciones de Picos de Europa, así que me considero en parte gallega y también leonesa, soy producto de esa mezcla de personas de diferentes orígenes y comunidades que se dio en España en los años 60. Quizás ese sentimiento de pertenecer a dos sitios diferentes, a los que he amado por igual, a la vez ha contribuido a mi interés y curiosidad por todo lo extranjero, cuando he dado clases de español para extranjeros, me he sentido muy cómoda y ha sido una de los momentos más interesantes de mi etapa como profesora A veces me ha ocurrido ir por la calle y encontrarme con alguna persona que se ve a las claras que es extranjera, la miro y nos saludamos, mi familia me pregunta sorprendida: pero ¿la conoces? No, de nada, pero hemos simpatizado, por eso nos saludamos.  Pues creo que todo esto procede de mis orígenes familiares y lo valoro mucho. Actualmente vivo en Valencia y siento que este es mi sitio ahora. Me gusta decir que Galicia es para mi el elemento agua, León, la tierra y Valencia ha sido fuego… ¿y el aire? Eso lo pongo yo. En Valencia trabajo en un instituto de enseñanzas medias. En la docencia he recorrido muchos caminos y trabajado en cosas diferentes, desde el Departamento de Orientación hasta la Tutoría de alumnos extranjeros. En cuanto a los estudios, cursé Filología Inglesa y luego Psicología; tanto la Literatura como la Psicología me interesan por igual, me quedo con las dos y ambas se complementan en mi escritura. Escribo desde la infancia, desde siempre que recuerdo, me veo con un pizarrín escribiendo en las pizarras aquellas que llevábamos y ¡cómo me gustaba1 el hecho físico de escribir, de dibujar letras me gustaba. Luego hice obritas de teatro en el primer colegio al que fui, el de la Milagrosa, en Lugo, las escribía y mis amigas me secundaban, así que las ensayábamos y representábamos. Y he continuado escribiendo toda mi vida, diarios, artículos, trabajos, notas, cartas, declaraciones, colaboración en una obra de teatro infantil en el zoo de Valencia…

 

¿Por qué decidió a presentarse a este premio? ¿Lo había hecho ya en alguna otra ocasión?

Me había presentado a dos o tres premios más. Me habló de ellos y animó a presentarme un compañero que también escribe cuando yo le di a leer unos cuentos; y me pareció una manera de motivarme a escribir con un plazo fijo y en un formato determinado, que es algo que centra  el objetivo y dirige los esfuerzos, pule el estilo. Escribir como por encargo, o para un fin concreto y determinado, ha sido en muchas ocasiones la tarea de los escritores; Chejov, por ejemplo, escribió muchos de sus cuentos por encargo de revistas y periódicos, a tanto la línea, cuentos que han pasado a la historia de la Literatura.

 

La literatura infantil y juvenil cada vez tiene un mayor auge. ¿Por qué escribe literatura de este tipo? ¿Toca otros géneros?

Visto con una cierta distancia me doy cuenta de que escribir literatura juvenil fue un proceso que se desarrolló de forma espontánea y tuvo que ver con la maternidad más que con cualquier otra cosa: empecé escribiendo cuentos infantiles cuya destinataria era mi hija y luego continué avanzando por ese camino y llegué a un género juvenil en el que me recordé a mi misma como lectora; fue una especie de recobrar mi infancia y juventud a través de la siguiente generación y los recuerdos que su evolución despertaba en mí. Y sí me gusta escribir otros géneros, claro, me gusta escribir artículos de psicología, cuentos para adultos, cuentos infantiles…no es que pretenda abarcarlo todo, tan sólo que me gusta ir desarrollando lo que va surgiendo en cada momento de mi vida

 

La literatura juvenil se diferencia de la infantil, entre otras cosas, porque su público está entre la adolescencia y la madurez, una etapa bastante dura. ¿Cómo debe ser este tipo de literatura para contribuir a que ese paso sea lo mejor posible, tanto personalmente como a la hora de preparar futuros lectores?

Creo yo que debe afrontar los intereses de los jóvenes, sus inquietudes y preocupaciones: la amistad, el amor, el mundo, la realidad evidente y la menos evidente, la búsqueda de la propia identidad a través de las relaciones con uno mismo, con el otro y en un medio social y cultural. Me interesa una  literatura juvenil que respete todo lo humano, partiendo de nuestra misma biología como seres inmersos a la vez en la naturaleza y la cultura. Que ayude a reflexionar, a tomar conciencia del porqué de una acción o un sentimiento. A conocer y respetar la vida en todas sus formas. Y abrir puertas y ventanas a la vida, no porque ignore lo malvado y cruel con lo que todas las personas necesariamente nos topamos, en nosotros mismos sin ir más lejos, sino porque señale que en casi toda ocasión podemos elegir aliarnos con lo negativo, oscuro y destructivo o con la parte que busca fluir y desarrollarse. Y que incluso a pesar de nuestros esfuerzos y buena voluntad el encuentro con los obstáculos es inevitable y también enriquecedor. Es cierto que todo esto son mis reflexiones sobre la Literatura juvenil, esa es mi posición ahora y con ella me comprometo, pero no creo tener el canon del género.

 

¿Cuál es, en tu opinión, el estado de salud de la literatura juvenil en España? ¿Conoces cuál es en otros países europeos? ¿Se pueden establecer comparaciones?

No soy experta en el tema, desde luego, ni tampoco crítica literaria, aunque encuentro esa una labor muy necesaria; la crítica que ayude a separar la paja del trigo. Ojalá hubiese críticos cuya voz pudiésemos escuchar. Tampoco he leído mucha Literatura Juvenil actual. Mi opinión es entonces necesariamente parcial y fragmentada. Por las lecturas de mis alumnos he visto cosas que no me interesan lo más mínimo, poco elaboradas y pobremente escritas, como si a los jóvenes se les pudiese servir cualquier cosa y otras varias que si me han parecido coherentes y serias. Pero es que el género es muy reciente, con el tiempo el panorama se irá definiendo. Respecto a otros países europeos, conozco más la literatura juvenil inglesa que ninguna otra. Tienen autores extraordinarios que han sabido recurrir a las fuentes de su mitología celta y nórdica y germánica en general y de ello narrar unas historias excelentes en contenidos y formalmente muy hermosas. Me refiero no sólo a Tolkien, o  a C.S, Lewis, que eran profesores universitarios, eruditos de formación amplia y extensa en Filología y filosofía, sino igualmente a Caroll Lewis, incluso Rowling, la autora de Harry Potter bebe de esas fuentes. En España ha habido un vacío en ese género y no sé de ningún gran erudito que se dedicase al género, aunque no creo que sea necesario ser académico para escribir, es un ejemplo que ponía en relación con figuras británicas que no tuvieron pudor ni menospreciaron el género a pesar de, o precisamente por, su sabiduría propia.  Pero probablemente esta carencia nuestra puede relacionarse con la historia de la Literatura, me refiero a que el origen de la Literatura infantil y juvenil, en su vertiente fabulosa o fantástica, tiene que ver con el movimiento del Romanticismo y su énfasis en la recuperación de los mitos nacionales que están en la raíz de un pueblo. Así como en Gran Bretaña y Alemania este movimiento tuvo un desarrollo magnífico, en nuestro país sus frutos fueron altos en unos pocos autores, pero escasos en general.

 

¿En qué se inspiró para escribir Tomás, buscador de la verdad?

En varias cosas que se fueron ensamblando como un puzzle: mi interés por el camino de Santiago, la Edad Media, también mi trato con los jóvenes y con el mundo académico, mi gusto por las aventuras y también por la historia…las vivencias de un muchacho ideal que ama el conocimiento, de espíritu aventurero y audaz y que no teme salir al mundo, en el que me veo reflejada, o ansío verme…

 

¿A qué se debe la temática del libro, una aventura histórica y de misterio?

Se unen en ella mi interés por la Psicología –en la novela representado por el mundo de los sueños y el símbolo del gato, que nadie me ha preguntado todavía porqué es blanco y negro, si acaso tiene esto algún significado oculto- y mi atracción por la Edad Media y el Románico, momento histórico en el que la emoción tendía primar sobre la razón, cuando la espiritualidad llega al misticismo y a la vez es un tiempo muy enraizado en la tierra. Todavía desconocemos mucho sobre la Edad Media, pero el misterio que aún hoy en día emana alimenta nuestros deseos de poesía y espiritualidad. En la obra hay un constante fluir entre la lógica investigadora  que va usando el protagonista para acercarse al descubrimiento de la verdad de lo ocurrido y la parte intuitiva que le ayuda y le guía en su proceso. Así creo yo que aprendemos en la vida: a través del empleo nuestras capacidades lógicas y de la intuición y el instinto, mucho más definitivo de lo que se tiende a creer generalmente. Escribiendo sobre las peripecias de Tomás me di cuenta de que me gustaba mucho crear una trama de misterio e intriga.

 

Me gustaría conocer cuál ha sido el proceso de investigación y documentación realizado para el libro, que sé que ha sido bastante exigente…

Como fui llevando una libreta con todo lo que se me ocurría para la novela: situaciones, per5sonajes, palabras, imágenes… ahora la reviso y claro, aquí encuentro yo muchas claves para esta pregunta. Primero tuve claro que el protagonista se llamaría Tomás –me gusta interpretar este detalle fundamental como una pista del inconsciente- claro, ahora lo pienso y veo que es un nombre muy relacionado con la filosofía medieval. Luego comencé a crear la trama, como quien va tejiendo un tapiz… y en la biblioteca de Lugo me documenté en varios libros sobre al Edad Media, la vida en los monasterios, los incunables, el simbolismo zoomórfico y vegetal del cristianismo. Hay enciclopedias verdaderamente maravillosas, con una gran profundidad de contenidos y con fotos, dibujos y planos excelentes. Me gustó mucho esa parte por todo lo que esos estudiosos me enseñaron. En casa también tengo bastante bibliografía sobre Historia y Arte y sobre Simbolismo, así que trabaje bastante esa parte. Junto a esta labor más solitaria y literalmente encerrada, ese verano en el que reunía datos a la vez que ya escribía, nos dedicamos a visitar los monasterios y capillas del camino francés a Santiago, que es la vía por donde penetró desde Europa el románico y los monasterios. Empezamos en León, en San Miguel de la Escalada y continuamos subiendo hacia Lugo y luego a la ribera sacra de Orense. Entonces ya no iba a buscar documentación escrita, aunque si encontraba cosas que me gustaban, como música sacra o cantos gregorianos, o libros, la compraba, pero el motivo principal era captar a través de los sentidos la atmósfera que aún se respira en esos lugares: su magia, su poder, la energía que emanan, la consisitencia de la piedra, la belleza suprema del alabastro, el agua de las fuentes resaltando el silencio, ese silencio…me alejaba de mi familia para sentirme sola y escuchar resonar mis pasos en la piedra, como luego hace Tomás, para poder abrir oídos a las voces del pasado que resuenan como ecos en el claustro. Así que la preparación de la ficción se desarrolló tanto en mi interior como a través de libros y enciclopedias y de escenarios reales. Aprendí mucho.

 

En tu novela, la historia tiene un papel preponderante. ¿Existe una carencia de saber de los jóvenes respecto a materias tales como la historia en la actualidad? Como docente, ¿cuáles crees que son las claves para rellenar las muchas lagunas académicas existentes en las nuevas generaciones?

Siempre hay carencias en el saber, es algo inevitable porque el camino hacia el conocimiento es muy largo, estrecho y complicado y no todo el mundo está dispuesto, o tienen la disposición o la motivación necesaria, para transitarlo. Por otro lado, a una persona joven, por muy atenta e interesada que esté le faltan necesariamente muchas claves intelectuales y vitales para interpretar los datos y comprender el marco en el que se dan. En mi opinión la educación actual, al ser generalista y masificada únicamente puede dar, salvo casos excepcionales, una visión general de cualquier asunto histórico, que no es poca cosa si se aprovecha bien, es más es la plataforma primera para, a partir de ella, explorar y aprneder. En ese contexto crítico de la educación actual, alumnos y profesores quizás entiendan que cada uno muestra mayor o menor interés por un determinado período o época de la Historia y desde ese lugar fomentar la búsqueda del conocimiento. La enseñanza reglada sigue teniendo un papel muy importante en la formación de las personas, seguramente, pero pretender darlo todo, enseñarlo todo desde ahí, no lo veo factible: forzar a aprender es una tarea imposible, hoy y siempre. Entiendo que puede dar más resultado detectar el interés de los alumnos y desde ese punto animarles a seguir avanzando y luego dar tiempo a que se vayan construyendo a sí mismos con los materiales que se les proporcionen y que ellos mismos vayan encontrando en su búsqueda.

 

El jurado ha destacado su excelente prosa  y el interés que puede despertar entre el público al que está dirigido. ¿Piensa que otros escritores “minusvaloran” este tipo de literatura o que, al menos, la consideran una hija “menor” de la novela para adultos?

Desde luego que pienso que muchos la consideran un género menor. Y es cierto que hay cosas tan banales y pobremente escritas que aportan tan poca cosa, aunque lo mismo se podría decir de mucha Literatura para adultos. Sin duda estamos un género nuevo y su evolución se mostrará en el tiempo. Pero al lado de cosas muy inconsistentes, hay obras geniales, véase de nuevo a Tolkien, C.S. Lewis, a Roald Dahl. Además, lo bueno de sus obras es que lo leen con igual gusto los jóvenes que los adultos –yo misma leí con enorme gozo todas ellas-  así que a lo mejor es cierto que la Literatura juvenil es un terreno un tanto cambiante y se escapa un poco a las definiciones, porque ¿Qué es la Literatura juvenil? ¿La escrita para jóvenes? Por ejemplo Platero y yo o Momo ¿las que tienen como protagonista a un joven tal y como El guardián en el centeno o El señor de las moscas? Escritas por autores de enorme talento literario y en las que se exponen circunstancias bien crudas. Son asuntos que no tengo aún claros. Sólo me queda la impresión de que las buenas obras las leen con gusto tanto jóvenes como adultos.

 

¿Cuál ha sido el papel de tu familia en tu trayectoria (apoyo, ánimo, ayuda…)?

Mi familia extensa es el origen de mi escritura, primero porque mi familia materna habla un castellano hermosísimo, el que se habla en su zona, claro, lleno de giros, expresividad, matices, dichos, refranes, una sintaxis muy propia del castellano, completamente alejado de las construcciones nominales sajonas que ahora nos inundan…yo puedo pasarme horas escuchando a mi madre, mi abuela y tías y tíos cuando se juntan o por separado. He grabado hasta sus voces, sus cuentos, sus cuentas…por otro lado, la parte gallega me ha dado su gusto por el misterio, la magia, lo que oculta la niebla. Creo que ambas se han fusionado en mi forma de percibir el mundo, por tanto de escribir. Junto a esto, mi madre fue la primera persona que me regaló libros desde muy pequeña, que colaboraba en las obras de teatro haciendo los trajes, que nos animaba a mis hermanos y a mí a hacernos socios de la biblioteca y del bibliobús, aquellos buses cargados de libros para prestar que recorrían los barrios de las ciudades en la época. Nos contaba historias, cuentos, anécdotas del pueblo y de sus habitantes…era una fantástica narradora. Nos inculcó el gusto por el estudio y la importancia de los libros como puertas abiertas a la realidad en medio de las vicisitudes, los altos y bajos, los encuentros y las desuniones que le puede tocar vivir a cualquier familia. Y en lo que respecta a la familia que mi pareja y yo hemos creado, pues ¿qué decir? Siempre me han apoyado, no sólo escuchándome en momentos en los que me sentía desanimada, permitiéndome también descansar sin forzarme, pero alentándome a persistir siempre en el camino finalmente elegido y atendiendo a las rutinas cotidianas en muchos momentos para que yo pudiese aislarme y escribir. Me han acompañado en los viajes. Me han leído. Han aportado su opinión. Y luego han estado todos los que han podido en la entrega del premio, alegrándose de que “uno de ellos” con una camisa tan blanca, leyese ese discurso salpicado de detalles de complicidad especialmente escritos para ellos. De todas formas, y por gratitud inmensa, quiero señalar también que he tenido y tengo amigos, dentro del campo de la  Literatura, Filosofí, que me han ayudado enormemente con sus correcciones, sugerencias o críticas, referencias bibliográficas, etimológicas. Tengo una deuda enorme con ellos por todo el saber y la ayuda que me han aportado que empecé a escribir. Gracias de verdad por su generosidad.

 

¿qué diferencia el premio Leer es Vivir de Everest de otros de Infantil y Juvenil?

¡Caramba, veo una diferencia fundamental! –aquí sonrisa de la autora- ¡y es que el premio “Leer es vivir” se lo han otorgado a mi obra! y los otros no, o no de momento al menos. La verdad es que no sé de otras diferencias salvo las evidentes en cuanto a cuantía económica, número de ejemplares publicados y cosas de este tipo. Seguramente las hay, siempre hay semejanzas y diferencias, pero al carecer de experiencia de primera mano, no tengo nada que yo pueda ofrecer a nadie como una opinión fundada y consistente.

 

Tu obra ya está publicada: ¿a qué acuerdos has llegado con Everest para un futuro?

Yo, por un sentido de gratitud y fidelidad, ofreceré lo que ya tengo en primer lugar a la editorial Everest. Y seguro que lo leerán con interés puesto que algo ya hemos hablado. Pero dicho esto, ahí me voy a quedar en lo que a contarlo se refiere, puesto que nunca hablo públicamente de mis siguientes pasos, ni de lo que estoy haciendo o escribiendo, de mis proyectos, que son eso, proyectos; forma parte de mi manera de hacer, me gusta proteger en una cierta privacidad lo que son cosas pequeñas, que están empezando, no exponerlas antes de tiempo, igual que protegería la iniciativa de un niño, de una niña, no me gustaría adelantar ni forzar, al igual que mis padres, con sano juicio, tomaron el teatro y la escritura como un juego, una exploración, una alegría y nunca por ello pensaron que tenían una artista en casa, sino una niña que hacía lo que le gustaba. Ese respeto del ritmo de las cosas es muy importante para mí, no forzar, no precipitar, no adelantar. Toda relación necesita de conocimiento mutuo para madurar, conocerse y ver si llega un entendimiento a lo largo del tiempo. Esto es importante tanto para una editorial como para una autora. Así es, en mi opinión, toda relación en la vida; se va desarrollando, a distintos ritmos y si se encuentra un tiempo común en el que encajen intereses, deseos y necesidades comunes, pues las cosas siguen adelante y dan sus frutos. Ojalá sea así en nuestra relación también.

 

Finalmente, añade todo aquello que quieras destacar y que no haya preguntado.

Me apetece contar una anécdota muy curiosa que tiene que ver con profesores, alumnos,  las relaciones y la magia de la Literatura. Es verídica en todas sus partes. Cuando yo cursaba 2ª de BUP, nos daba clase de Literatura una profesora sumamente competente, muy seria a pesar de su juventud y que evidenciaba su amor por la Literatura en todas sus intervenciones en el aula, recitaba con voz hermosísima y nos leía textos en voz alta. Un día en el que leíamos a Lorca, nos preguntó sobre el significado de imagen muy potente que el poeta empleaba en unos de sus poemas más conocidos en el que un gitano moreno de verde luna cabalgaba por la vera del Guadalquivir hacia Sevilla y en su camino, cortaba limones y los iba arrojando al agua hasta que la puso de oro, ignorando que la Guardia Civil le esperaba un poco más adelante para apresarlo “?Qué trasmite el poeta con esta imagen del gitano arrojando limones al río?” me interpeló la profesora desde la tarima, supongo que esperaba que yo, que siempre mostraba un interés muy grande por toda obra, aportase alguna opinión o sensación apropiada. Un tanto intimidada empecé a decir cosas que me sugería la imagen, todas ellas traídas por los pelos, porque lo cierto es que no lograba comprenderla y así le daba todo tipo de peregrinos significados al hecho de arrojar limones al agua. Ninguna la satisfizo, claro está y me dijo, sin intentar ser simpática ni condescendiente conmigo, más bien severa, o así me lo pareció a mí, que tal vez algún día lo comprendería. Me dio mucha rabia que la profesora no interpretase el poema ni descifrase sus claves, y, al mismo tiempo, lo tomé como un desafío.

Pasaron muchos años, más de veinte años, pero no olvidé la imagen, aunque no recordaba ya en qué poema se encontraba. Lo guardé como un enigma durante tantos años, sin decírselo a nadie ni consultar con nadie. Hasta que llegó un día en el que estnado sentada en el sofá de mi casa me levanté, fui a buscar el poemario de Lorca y busqué en el índice y enseguida encontré: “Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla”. Este es, pensé, y así era, comencé a leerlo y allí estaba Antoñito, libre, auténtico, arrojando los limones al río como si tuviese toda su hermosa vida para derrocharla sin medida, sin llevar cuenta del gasto, con generosidad y libertad plenas. Luego le prende la pareja y lo llevan al calabozo donde lo encierran; mientras el gitano languidece en su encierro, muy lejos ya del río, los guardias beben limonada todos.

Así que en el siguiente viaje a Lugo, me acerqué al Instituto donde estaba segura de que  encontraría a la que había sido mi profesora, como así fue: ocupaba ahora un cargo directivo y me hizo pasar a su despacho. Cuando le conté aquel asunto que yo había tomado como casi un reto y que me traía hasta ella tantos años después, María Luisa, que ese es su nombre, se levantó de su asiento y, con esa voz redonda y luminosa que tiene, recitó “La pena negra”. No creo que sea necesario dar detalles de la emoción del momento, porque cualquiera que ame la Literatura y a sus semejantes puede comprenderla. Luego me abrazó y mencionó el poder mágico de la Literatura, capaz de unir a las personas de formas increíbles a través del tiempo y el espacio.

Entrevista. Revista Primeras Noticias de Literatura Infantil y Juvenil

– Muchos profesionales y aficionados a la literatura guardan un especial recuerdo de alguna obra que leyeron en su infancia o juventud. ¿Qué lecturas le impactaron más en esa etapa de su vida? ¿Hubo alguna persona en especial que le inculcara el amor a la lectura?

Hubo una persona que me ofreció los primeros libros y fue mi madre. A ella le gustaba, le gusta aún, leer y además se carteaba con sus hermanos y padres, escribía por ese motivo unas cartas muy bien redactadas que me encantaba leer o que me las leyese ella y que forman parte de mis primeros recuerdos. También contaba cuentos y anécdotas de las gentes del pueblo, de idas y venidas de unos y otros, retazos de sus propios recuerdos familiares, refranes, dichos populares y rimas…así se fue modelando mi propia memoria, me informó de mis raíces, estimuló mi imaginación y me proporcionó un camino con las palabras y lo que éstas evocan. Nos animó a hacernos socios de la biblioteca y del bibliobús que aparcaba en nuestro barrio los sábados por la mañana. Así que ella es la figura que inicia todo esto. Luego vinieron los libros de hagiografías de santos escritas para niños, las historias contadas con el apoyo plástico de enormes y maravillosas láminas de la Biblia en el colegio, los cuentos de hadas clásicos, vidas de reinas como Sissi, aventuras como “La vuelta al mundo en ochenta días” o las obras de Julio Verter, los comics del Capitán Trueno, entre otros, los libros de Enid Blyton. Más tarde llegaron ya cosas como el Diario de Ana Frank y desde ahí creo que ya comencé a leer a Poe, Bécquer, Stevenson, Wilde, luego los escritores rusos de finales del XIX: Chejov, Dostoyesky, Después Baroja, Delibes…en fin, hubo muchas obras, la lista sería enorme y siempre me dejaría a algún autor que me acompañó en esa época; y es que leer me gustaba muchísimo y me sigue gustando. La afición a la lectura es una gran compañera que nunca te abandona, es una riqueza para disfrutar toda la vida, en los momentos buenos, en los solitarios, en los de crisis existenciales, siempre proporciona un gozo extraordinario, diferente y nuevo en cada libro que nos vuelve a seducir, y esto es así desde la infancia hasta la vejez.

 

– Comenzó a escribir, y representar, pequeñas obras de teatro cuando estudiaba. ¿Qué recuerdos guarda de esa época? ¿Ya tenía claro que quería ser escritora?

La infancia es la isla espiritual del ser humano ¿no era Juan Ramón quien decía esto en su anotación a Platero y yo? Creo que era él. Luego necesariamente hay que abandonarla, pero nunca olvidarla, llevar siempre su recuerdo, su color, sus aromas, no porque la infancia sea una época necesariamente perfecta, en absoluto, puede haber, las hay, infancias terribles. Pero esa inocencia, el despertar al mundo donde todo es nuevo, fresco, confuso a veces, claro y límpido otras, es una fuente inagotable se sensaciones, emociones…los escritores, los artistas, todos en general, nadie puede renunciar a esa época que fue nuestro primer encuentro con la vida. Yo recuerdo que a mí me gustaba escribir desde que me recuerdo con un pizarrín en la mano, me atraía el hecho físico mismo de escribir. Lo de las obras de teatro pues eran cosas ingenuas en las que participaban mis amigas, nuestras madres nos ayudaban con los trajes, con la caracterización; era muy divertido. Admiraba a los escritores, desde luego, pero realmente a esa edad ignoraba lo que es la vida del escritor o que existía esa profesión en sí misma y no estoy muy segura de que creyese que yo misma podría llegar a serlo. Quizás esa idea surgió más en la adolescencia.

 

– Estudió Filología Inglesa y Psicología, y se ha dedicado profesionalmente a la docencia en Institutos de Enseñanza Secundaria. ¿Qué le aporta el contacto constante con quienes pueden ser sus lectores?

Pues frescura, a veces diversión, en otros momentos cansancio y conflictos, inevitables en toda relación humana, también crisis de diferentes tipos, igualmente necesarias para revisar la propia actitud. Me ponen en contacto con lo nuevo, las tendencias de los jóvenes en cuanto a actitudes vitales, gustos estéticos y formas de vida.

 

– ¿Los escritores deben implicarse de alguna manera en la labor de animación a la lectura? ¿De qué forma?

La tarea, el deseo y la voluntad de un escritor es escribir, y también, en general, leer mucho y vivir plenamente. A algunos les agrada un contacto directo con sus lectores o llevara acabo actividades como  leer textos ante una audiencia, recitar poesía en público o leer teatro a un grupo de personas. Bien está; seguro que contribuyen a despertar en sus audiencias el gusto de una mayor o más profunda lectura. Pero no creo que el escritor que no sienta la inclinación a desarrollar esas actividades tenga ninguna obligación de hacerlo: su único compromiso en ese terreno es con la escritura; así lo entiendo yo, al menos.

 

– ¿Qué opina de que el mercado editorial tenga cada vez más presentes objetivos educativos en la literatura para jóvenes?

La literatura en sí misma es educativa, cultiva los sentimientos, ayuda en las reflexiones, sugiere ideas…ahora bien, mi intención es evitar los objetivos educativos explícitos, no tengo intención de desarrollar un currículum en mi obra ni me interesan demasiado los aspectos didácticos en la literatura, aunque  a veces pueda escapárseme alguno, debido a una deformación causada por los años de docencia. A mi entender, la literatura, como cualquier actividad humana, transmite un posicionamiento en el mundo y por tanto refleja la forma de ver la realidad sensible y la no visible de su creador. Tratará pues los grandes o los pequeños asuntos humanos desde un punto de vista determinado. Pero eso es muy diferente del marcarse objetivos pedagógicos, repito que esto me interesa cada vez menos como autora y tampoco me gusta encontrarlos como lectora.

 

– ¿Qué es para usted la literatura?

El arte de traspasar las palabras y la estructura inherente al discurso en el que se ordenan para conseguir dar forma a ideas, sentimientos, emociones, imágenes, y con ellas elaborar una ficción, expresar una experiencia o narrar una historia a través de formas muy distintas: teatro, poesía, novela…Esto, que parece tan acabado, en realidad lo acabo de formular ahora mismo, quizás en el futuro, con mayor experiencia vital y literaria, aún añada o quite algo.

 

– ¿Qué piensa de la distinción entre literatura para jóvenes y literatura para adultos?

Ciertamente parece haber algunas diferencias que en muchas obras son evidentes, como el tono, el tipo de lenguaje, los temas escogidos y el tratamiento que de ellos se hace, pero en otras ocasiones no lo tengo tan claro. ¿Pertenecen Platero y yo, Momo, Las crónicas de Narnia, el Señor de los anillos, El señor de las moscas, El guardián entre el centeno, entre otras muchas que se podrían mencionar, literatura para niños y jóvenes? ¿Qué marca la diferencia, el hecho de que sus protagonistas sean jóvenes? Encuentro que no me resulta tan fácil dar una respuesta que delimite por completo el tema, ni siquiera sé si existe esa frontera; para mí lo importante es que estas obras sean leídas con igual placer e interés tanto por jóvenes como por adultos, algo que ocurre con las que he mencionado y con muchas otras.

 

– ¿Cómo definiría el momento que vive la Literatura Infantil y Juvenil en nuestro país? ¿Y cómo ve el futuro de ésta?

No soy ninguna experta ni en el mercado ni en la crítica de obras; lo que veo, en catálogos, librerías, es un crecimiento enorme en cantidad de obras, tanto en infantil como en juvenil. Ahora bien, me da la sensación de que ocurre como con la literatura adulta: hay tantísimos títulos publicados, es una avalancha tal la que llega a las librerías y, con la misma rapidez con la que llegó,  desaparece de ellas, que creo que no da tiempo ni al librero ni al lector a tener una perspectiva global, no digamos ya un conocimiento algo más profundo. El libro ha entrado plenamente en el mercado de consumo y por tanto es tratado de manera muy semejante a cualquier otro producto: se vende muchísimo algunas obras que se convierten en best-sellers y otras excelentes desaparecen entre el ruido de la velocidad y la trivialidad. Lamento muchísimo esta situación. Lamento además que se gaste tanto papel para nada –me preocupa mucho el asunto de la tala de bosques de forma abusiva, que no es algo baladí-  No sé, quizás en el futuro, si sigue así la cosa, creciendo de forma tan desmesurada, escribiremos únicamente para familiares y amigos.

 

– ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo como escritora? ¿Y lo que menos le atrae?

Vaya, de mi trabajo como escritora me gusta prácticamente todo: la soledad ante el papel o el ordenador, el ensimismamiento cuando estoy plenamente entregada a la escritura, el disfrute que eso me provoca, la búsqueda de información o los viajes al encuentro de un ambiente o un medio, el escuchar música que evoque un momento, un ambiente, buscar imágenes que me muevan por su relación con la obra. Y me gusta muchísimo el afecto de los lectores cuando se acercan tan respetuosos y atentos, interesados por conocer a la persona tras la obra. Luego está los momentos más complicados: la lucha con el lenguaje, que a veces es titánica porque se transforma en una serpiente enorme y potentísima a la cual me resulta imposible dominar, la emoción y la inquietud cuando alguien lo lee por primera vez, las correcciones una y otra vez, las críticas. Pero incluso aprecio esos momentos, así como disfruto de la parte más fácil que fluye suavemente llevándome en su corriente tan agradable, acepto igualmente que las dificultades forman parte del proceso, son las que hacen cuestionarse pasos, ayudan a reflexionar sobre la obra y a no perder la perspectiva, entre otras cosas.

 

– Su libro “Tomás, buscador de la verdad” ha obtenido el Premio Leer es Vivir. ¿Por qué decidió presentarlo a concurso?

Me animó un compañero que también escribe y pensé que era una posibilidad de que la obra alcanzase a personas más allá de mi círculo. Suponía además la disciplina de escribir con un fin determinado, con una meta, que aunque me parecía lejana, orientaba mis esfuerzos en una dirección. Y a pesar de que sabía que no es fácil ganar un premio literario al que se presentan muchísimas obras, creía que la mía podía gustar al jurado y, aunque no ganase el premio, de ahí podría surgir alguna propuesta interesante por parte de la editorial, como ocurre en ocasiones.

 

– ¿Qué ha significado para usted recibir este premio?

Fue un reconocimiento que llegó en un momento muy importante para mí. Considero que el premio “Leer es vivir” lo he ganado con tanta limpieza y con el voto unánime de un jurado prestigioso, que por supuesto me desconocía, que me vi plenamente recompensada por mis esfuerzos. Sentí y siento una grandísima satisfacción y noté que esa alegría se extendía todo a mí alrededor, entre familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y conocidos. Fue algo extraordinario sentir su afecto y su alegría. Luego ocurre también que las personas de alrededor valoran tu trabajo de otra manera, con más respeto, digamos, puesto que ha sido refrendado por alguien de fuera, un jurado cuya opinión autorizada al elegir la obra resalta su valor a los ojos de los demás. Pero además de alegría y satisfacción, el premio ha supuesto una prueba en distintos espacios, empezando por las relaciones personales, a las que el éxito impacta de una manera sorprendente e inesperada.

 

– Cada libro esconde unos orígenes, a veces un tanto insospechados. ¿Cuáles son los de “Tomás, buscador de la verdad”?

Es como preguntarse por el origen de una fuente, de un manantial: ¿Cuáles son y de dónde provinieron las aguas que ahora los alimentan? ¡De tantos lugares, a veces tan alejados del espacio y el tiempo consciente y actual! Pero aún así puedo apuntar algunos: mi propia juventud, mis años de instituto y facultad. Ciertas fuerzas emocionales que estaban pendientes de tomar una dirección en mi interior. También mi interés por la psicología, el tema, tan literario y filosófico de los dobles, los mundos paralelos y los reflejos en el espejo. Pero todo esto es de lo que ahora soy consciente, seguro que hay otros motivos aún oscuros en su origen y probablemente las claves finales de una obra no se acaben de desvelar nunca.

 

– ¿Qué le gustaría escribir y no ha escrito?

Poesía, admiro a los grandes poetas. También, aunque he escrito teatro para niños, me gustaría hacer teatro para adultos. Y relatos, me gusta mucho el relato policiaco y de misterio…Ciertamente tengo mucho aún por desarrollar.

 

-¿Tiene en mente ya algún nuevo libro? ¿Nos puede explicar algo de él?

Tengo cosas ya preparadas, otras a medio hilvanar, algunas más apuntadas en mi libreta y algunas en el imaginario, esperando su maduración. Así es que tengo el taller a pleno rendimiento. El siguiente libro, ya prácticamente terminado, es nuevamente una novela para jóvenes que  transcurre en una ciudad castellana con un gran peso histórico y esotérico, en la que habitan personajes muy curiosos, creo que atractivos también, de procedencia social muy dispar que se relacionan en una trama de intriga, dudas, acusaciones y sentimientos encontrados. Pero, claro, una escritora a la que le gusta el misterio, como es mi caso, no va a desvelar muchos más detalles: sería descorrer el velo de forma precipitada ante los lectores. Todo llegará y se podrá leer en su momento; ese, al menos, es mi deseo y mi intención.